lunes, 19 de octubre de 2015

Hola

Hace mucho tiempo que no escribía por acá. Y hoy lo quiero hacer. ¿La razón? Deseo presentar una queja pública con la intención de provocar un conflicto armado entre Maipú y el metro ULA.  

En el lugar en donde paso 10 horas diarias una niña me pidió "prestada" mi polera favorita. Le dije inmediatamente que sí, desconociendo sus reales motivos y exponiéndome a una situación ingrata. Fuimos al baño y ella me la sacó sensualmente con la excusa de tocar mis biceps femorales. No nos besamos ni nada, aunque debo confesar que me dejó con las ganas.

La mujer en cuestión no tiene internet, por eso me atrevo a contarlo por acá. Y la niña con la cual estoy "saliendo" ahora no es celosa; amor libre.

Mi conclusión de todo esto es que el internet pasó de moda. Los intelectuales del Fondecyt dicen que lo que se viene ahora en cuanto a interactividad es el hablar cara a cara. ¿Qué tal?

Espero mañana recuperar mi polera.

domingo, 12 de abril de 2015

Agradecimiento

Quiero hacer un brindis: Por mis amigos y sus mascotas.

lunes, 16 de febrero de 2015

El control remoto y un inesperado desenlace


El siguiente relato es recomendable para personas mayores de edad y con criterio formado. Ésta es la historia de las vicisitudes de una amiga para dar a luz a un ser humano.

Hace 156 meses atrás…

Una señora de 83 años de edad, residente de la comuna de Conchalí, encarnó ingenuamente su más lamentable pesadilla: Perderse el final de la teleserie “Amores de Mercado”. ¿Y cómo sucedió esto? Extravió el control remoto de su televisor. La situación fue tan patética y dramática que, al desconocer la funcionalidad de las perillas, debió ver de forma ininterrumpida UCV Televisión por 9 meses. El 14 de febrero fue hospitalizada de urgencia en el Hospital San Juan de Dios.

El mismo día, pero kilómetros más hacia la periferia, en Puente Alto, una joven estudiante de periodismo sufría intensas contracciones. El esfuerzo y el entusiasmo para pasar con honores por el templo del conocimiento se tendrían que suspender por un par de meses, y la página de Wikipedia de la escuela de Frankfurt sería el inicio del Windows 98 para no perder la costumbre. 

Fonasa también la derivó al hospital ubicado en Estación Central.

Debido a un problema logístico, las camas de ambas mujeres quedaron próximas. La joven estudiante de periodismo, que años más tarde ejerció un importante cargo en la alta dirección pública, paró la oreja para cachar el mote de la anciana porque su ojo noticioso le decía que algo extraño ocurría. Y claro, a la anciana la acostaron de una forma inusitada; con las piernas hacia arriba y abiertas.

La vetusta hembra, con insistencia, y con un tono desgarrador, exigía ver el final de “Amores de Mercado”, pero los doStores no la pescaron ni en bajada. Al ver esta expresión clasista, la joven estudiante de periodismo le metió conversa para ayudarla; comentaron de los personajes más divertidos de la novela, el intríngulis de la trama, y las posibilidades de encontrar un Pelluco en la vida real.

Pasaron los segundos, minutos y horas, y un encuentro que pronosticaba sólo ser una grata compañía se convirtió en un vínculo con un fuerte lazo sentimental.

“¿Y por qué está usted acá?”- le preguntó la joven estudiante de periodismo. “No lo sé”- le respondió la señora de Conchalí. Y agregó: “La verdad es porque me duele la vagina”.

Al anochecer, y con las piernas abiertas, la joven estudiante de periodismo gritaba como Claudio Palma por el dolor que le causaba el nacimiento de su primer hijo. En la cama de al lado, la anciana, en la misma posición, también gritaba, pero porque el malestar también le provocaba placer.

El concierto de gritos y gemidos duró un tiempo de un partido de Rugby. Al terminar, cuando todo estaba en paz, cruzaron sus miradas sudorosas para darse la mano cómplicemente.

Después de 9 meses, la joven estudiante de periodismo sostenía con alegría y ternura a su bello hijo entre sus brazos, mientras que la anciana por fin iba a poder cambiar de canal en su televisor. El control remoto volvía a reposar en la palma de su mano.

lunes, 2 de febrero de 2015

10 reflexiones del programa MasterChef


Por un intercambio de servicios tuve que ver la final de MasterChef. Estas son mis conclusiones:

1)  Es la muestra concreta del absurdo e irracionalidad de un negocio exitoso. La gente en redes sociales está molesta porque ganó “la burguesa” y no “el cabro del pueblo”. Mi respuesta es la siguiente: El programa duró 4 meses; 2 horas diarias, 10 horas a la semana, 40 horas al mes, 160 horas en total. Los  únicos perdedores fuimos nosotros.  

2) El cocinar es un arte poético y musical. La esencia de lo creativo del cocinar se transformó en una producción del capital en serie, uniforme y análoga, donde la competencia corrompió una actividad vital (la vida está en peligro), como es el ALIMENTARSE. ¿Cómo le podría explicar esto a un extraterrestre? “La gente compite por hacer el plato más rico de comida y, un juez autodenominadoexperto en sabores, determina al ganador”. ¿Ilógico no?

3) Los éxitos de audiencia de un canal dependen del dinero que tengan para comprar formatos de Estados Unidos o Europa, en donde el experimento mediático ya fue comprobado en humanos del hemisferio norte, así como si fueran ratas en un jaula.

4) Si no nos alimentamos, morimos. Aunque parezco lógico, no lo pensamos. A veces creo que debiéramos ser más humildes en nuestras comidas. Por eso considero que es pertinente evitar comer más de lo que el organismo necesita y alejarse de aquello que nos intoxica el cuerpo (lo físico) porque repercute en lo profundo (alma, espíritu, chakra, o como quieras llamarle).

5)  Es violento ver cómo despedazan a un animal por televisión.

6)  Reitero. Cocinar es un gesto de amor. Porque no sólo se entrega “algo” que permite que el organismo siga funcionando, sino que también se transmite un sentimiento de intensa conexión con el otro. En los servicios de comida rápida, hay “cocineros juniors” que no les gusta su trabajo (en su mayoría son estudiantes con sueldos miserables) y lo hacen de mala gana. ¿Qué pasa? Sus frustraciones, pasan ahora a ser nuestras penas.

7)  Vi al Caballero del Gol, Marco Olea, en un rincón dando consejos de cómo cocinar. Recuerdo con cariño su etapa de futbolista. El cocinar, así como cualquier práctica en la historia de la humanidad, no es propia de ningún género.

8)  Al igual que Moreira, me gusta el raspado de olla. Quizás debe ser por la sensación que deja la fritura.

9) La vida de una persona no puede girar en torno a una pantalla de ondas electromagnéticas. Primero fue la televisión, después el computador, y ahora el celular.


10)  Me dio hambre.

jueves, 22 de enero de 2015

Bailando cumbia conocí a una persona


La vecina le puso versatilidad para bailar cumbia conmigo. Sólo por su forma de moverse capté que tenía sensibilidad de izquierda y que vive en una casa pareada. Su metro con 60 centímetros armonizó un canto despechado con el ademán característico de barra brava (Y todo esto a ojos cerrados).

Me acerqué a su cuello sólo para comprobar que su aroma olía a pura humanidades de institución educacional pública. Terminó la canción y levantó la mano para hacerle un gesto a su grupo de amigos: “Cabros estoy acá”. Ese “cabros” corresponde a un vocablo muy particular de una clase emergente de vagos académicos que me caen relativamente bien. Prefieren el terremoto al whisky, la pachanga sobre la electrónica y a Ranciere para dejar en silencio a Axel Kaiser.

Quizás es vegana nivel 5, quizás. Su familia seguramente comía en ollas comunas en tiempos de la Unidad Popular, seguramente. Y supongo que al dinero le dice “moneah”, a los traidores “desclasados” y al “hueón”, “washo”. Y lo más probable es que sea pro aborto, pro matrimonio gay, pro divorcio gay, pro marihuana, pro animal, pro sexo casual, pro Patagonia sin represas, pro ateísmo, pro soja, pro capucha, pro libros usados, pro copas menstruales y pro destrucción total.

“Flaco, ¿Querí bailar?” así comenzó todo, y así fue como todo terminó. No está en las redes sociales ya que la lucha está en la calle (a la wena rebeldía ooee zii). Si el sistema electoral fuera a mano alzada, votaría. Profesa El Capital de Marx desde Wikipedia y rehúsa de cualquier forma de autoridad y de propiedad privada, pese a que de todas maneras amó a su ex pareja como una propiedad privada.

Igual la vecina cuando crezca cambiará sus trapos del persa por la última promoción de Falabella. Y caerá en la trampa de derrotar al capitalismo juntando kilómetros Lan Pass. Una bella golondrina comiendo del basurero municipal.

Da vuelta la página, y no alegues. Pendeja.

Saludos cordiales.
Atte.
Una persona.

lunes, 5 de enero de 2015

Convicciones

El anarquista me dijo que estaba feliz porque tenía un trabajo en una empresa grande, con contrato indefinido, con seguridad laboral y con la posibilidad de ahorrar para la jubilación. El tiempo pasa, la gente cambia y las historias se reconstruyen.

miércoles, 26 de noviembre de 2014

Extraño encuentro en la 401

Para quienes vivimos en el poniente hacer vida social después de la universidad es difícil. Y no por el resentimiento hacia la sociedad de consumo que me obliga a comprar papas fritas a 5 lucas, sino porque las nuevas amistades surgidas por la influencia de nuestro ejercicio laboral provienen de otra clase social que pernoctan pasado el muro de Plaza Italia, o también porque los viejos amigos del poniente comienzan a luchar por pertenecer al selecto grupo de los C2, quienes con sus primeros sueldos se esfuerzan en arrendar hogares cerca de sus trabajos.

Hace un tiempo para mí la universidad era el espacio físico y simbólico en donde podía entablar amistades y compartir sin mirar el reloj, pero ahora con la premura de la modernidad todo se ha reducido a los karaokes, pubs o departamentos con quincho. Y el que vive en el poniente es el que más sufre porque tienes sólo dos opciones para seguir con vida: Tomar la 401 o dormir en el suelo de alguna casa amiga tapado con la alfombra.

Pasada la medianoche un paradero que está cerca del Metro Baquedano, próximo a un Telepizza y a un café con piernas en donde trafican cocaína, se torna sumamente brígido y peligroso. La 401 es un mundo nuevo, repleta de gente muy diversa; de borrachos con ternos del Fashion Park, de mujeres obesas mostrando el ombligo, de jóvenes con el peinado de Arturo Vidal, de hippies drogados que bailan al ritmo de Chico Trujillo y de peleas imaginarias con chispeada constante de dedos (“oe, q paza”).

Una vez en esta micro, una chica muy guapa, y “dije” a la vez, se acercó para preguntarme el recorrido de la 401. Le expliqué en un lenguaje filosófico que llegaba hasta camino Melipilla. Al parecer tenía ganas de hablar, y me empezó a contar de su vida; que había terminado una relación amorosa hace poco, que cursaba 3° año de derecho en la Universidad de Chile, que le gustaba la música electrónica y que era hija única. Todo esto me pareció muy transparente de su parte, pero no me dio la confianza para comentarle acerca de mí vida. Sólo me dediqué a tirar tallas y ser bromista.

La niña me miró coquetamente a los ojos y me preguntó si quería acompañarla a un cumpleaños. Me tomó la mano y se hizo la amurrada barzamente. Sorprendido, y pensando siempre en lo peor, presentí que me quería asaltar. Me alejo. La niña ve mi espanto y me pide disculpa. Asume que estaba media borracha y que se sobrepasó. Con amargura, me explica que no quiere llegar sola al cumpleaños, y que yo me veía buena onda, así como “inocente” y “confiable”.

Le respondí cordialmente que no podía porque al otro día tenía que estudiar (Mentira. Temía que en ese cumpleaños me fueran a descuartizar).


Nos despedimos con un beso en la mejilla. Y cuando se bajó de la 401 me gritó: “Voh te lo perdí maraco”. 

miércoles, 12 de noviembre de 2014

El Huésped




Son las 3:33

Hay un huésped que golpea con agobio e insistencia la puerta de mi habitación todas las noches. Mientras intento consolarlo de sus penurias y naufragios, la poesía de Wagner musicaliza el drama y el recuerdo. En mi condición de orfandad insisto con premura la muerte de sus miedos.

La soledad radical del huésped intimidó a la risa más tímida que escapaba tangencialmente por el vació primordial de la congoja. Un dilema en que no hay nada seguro, un delirio que inclina al azar como la moral que justifica la ley; su dominación y nuestro acatamiento.

Creía que la propiedad había originado esa retorcida angustia que afecta a mis amigos. Lo creía hasta que escuché la voz proveniente de la diosa que consumió el tiempo en tan sólo un instante, transformando a la eternidad en un grito pavoroso de auxilio; difuso, arrítmico y alucinante.

El huésped no sale de la casa, es ateo y la mayor parte del tiempo se lo lleva rezando. Nada lo seduce, nada le atrae, nada lo motiva, pero busca sin pretender encontrar. La promesa radica en el desengaño, en la paradoja consustancial del placer. Cuando la tierra tiembla, las tumbas se abren y muchos cuerpos que habían muerto cobran vida.

Son las 3:33

El huésped viene nuevamente a golpear la puerta.