Quiero hacer un brindis: Por mis amigos y sus mascotas.
Soy de clase media como Farkas y mi mayor temor son los fiscalizadores del Transantiago. Bill Gates siempre me manda mensajes amenazándome que me bloqueará Windows por usar softwares piratas. Dormí en el Estadio Nacional y soy maipucino. Me gusta ver estrellas y buscar ovnis. La única condición para leer este blog es que no tengas presbicia.
domingo, 12 de abril de 2015
lunes, 16 de febrero de 2015
El control remoto y un inesperado desenlace
Hace 156 meses atrás…
Una señora de 83 años de edad, residente de la comuna de
Conchalí, encarnó ingenuamente su más lamentable pesadilla: Perderse el final
de la teleserie “Amores de Mercado”. ¿Y cómo sucedió esto? Extravió el control
remoto de su televisor. La situación fue tan patética y dramática que, al desconocer
la funcionalidad de las perillas, debió ver de forma ininterrumpida UCV Televisión por 9 meses. El 14 de febrero fue hospitalizada de urgencia en el
Hospital San Juan de Dios.
El mismo día, pero kilómetros más hacia la periferia, en
Puente Alto, una joven estudiante de periodismo sufría intensas contracciones. El
esfuerzo y el entusiasmo para pasar con honores por el templo del conocimiento
se tendrían que suspender por un par de meses, y la página de Wikipedia de la escuela
de Frankfurt sería el inicio del Windows 98 para no perder la costumbre.
Fonasa también la derivó al hospital ubicado en Estación Central.
Fonasa también la derivó al hospital ubicado en Estación Central.
Debido a un problema logístico, las camas de ambas
mujeres quedaron próximas. La joven estudiante de periodismo, que años más
tarde ejerció un importante cargo en la alta dirección pública, paró la oreja
para cachar el mote de la anciana porque su ojo noticioso le decía que algo extraño ocurría. Y claro, a la anciana la acostaron de una forma inusitada; con las piernas hacia arriba y abiertas.
La vetusta hembra, con insistencia, y con un tono desgarrador, exigía ver el final de “Amores de Mercado”, pero los doStores no
la pescaron ni en bajada. Al ver esta expresión clasista, la joven estudiante
de periodismo le metió conversa para ayudarla; comentaron de los personajes más
divertidos de la novela, el intríngulis de la trama, y las posibilidades de
encontrar un Pelluco en la vida real.
Pasaron los segundos, minutos y horas, y un encuentro que
pronosticaba sólo ser una grata compañía se convirtió en un vínculo con un
fuerte lazo sentimental.
“¿Y por qué está usted acá?”- le preguntó la joven
estudiante de periodismo. “No lo sé”- le respondió la señora de Conchalí. Y agregó:
“La verdad es porque me duele la vagina”.
Al anochecer, y con las piernas abiertas, la joven
estudiante de periodismo gritaba como Claudio Palma por el dolor que le causaba
el nacimiento de su primer hijo. En la cama de al lado, la anciana, en la misma
posición, también gritaba, pero porque el malestar también le provocaba placer.
El concierto de gritos y gemidos duró un tiempo de un
partido de Rugby. Al terminar, cuando todo estaba en paz, cruzaron sus miradas sudorosas
para darse la mano cómplicemente.
Después de 9 meses, la joven estudiante de periodismo sostenía
con alegría y ternura a su bello hijo entre sus brazos, mientras que la anciana
por fin iba a poder cambiar de canal en su televisor. El control remoto volvía
a reposar en la palma de su mano.
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lunes, 2 de febrero de 2015
10 reflexiones del programa MasterChef
1) Es la muestra concreta del absurdo e
irracionalidad de un negocio exitoso. La gente en redes sociales está molesta
porque ganó “la burguesa” y no “el cabro del pueblo”. Mi respuesta es la
siguiente: El programa duró 4 meses; 2 horas diarias, 10 horas a la semana, 40 horas
al mes, 160 horas en total. Los únicos perdedores fuimos
nosotros.
2) El cocinar es un arte poético y
musical. La esencia de lo creativo del cocinar se transformó en una producción
del capital en serie, uniforme y análoga, donde la competencia corrompió una
actividad vital (la vida está en peligro), como es el ALIMENTARSE. ¿Cómo
le podría explicar esto a un extraterrestre? “La gente compite por hacer el
plato más rico de comida y, un juez autodenominadoexperto en sabores, determina
al ganador”. ¿Ilógico no?
3) Los éxitos de audiencia de un canal
dependen del dinero que tengan para comprar formatos de Estados Unidos o
Europa, en donde el experimento mediático ya fue comprobado en humanos del
hemisferio norte, así
como si fueran ratas en un jaula.
4) Si no nos alimentamos, morimos.
Aunque parezco lógico, no lo pensamos. A veces creo que debiéramos ser más humildes en nuestras comidas. Por eso considero que es
pertinente evitar comer más de lo que el organismo necesita y alejarse de
aquello que nos intoxica el cuerpo (lo físico) porque repercute en lo profundo
(alma, espíritu, chakra, o como quieras llamarle).
5) Es violento ver cómo despedazan a un
animal por televisión.
6) Reitero. Cocinar es un gesto de amor.
Porque no sólo se entrega “algo” que permite que el organismo siga funcionando,
sino que también se transmite un sentimiento de intensa conexión con el otro.
En los servicios de comida rápida, hay “cocineros juniors” que
no les gusta su trabajo (en su mayoría son estudiantes con sueldos miserables)
y lo hacen de mala gana. ¿Qué pasa? Sus frustraciones, pasan ahora a ser nuestras penas.
7) Vi al Caballero del Gol, Marco Olea, en
un rincón dando consejos de cómo cocinar. Recuerdo con cariño su etapa de
futbolista. El cocinar, así como cualquier práctica en la historia de la humanidad,
no es propia de ningún género.
8) Al igual que Moreira, me
gusta el raspado de olla. Quizás debe ser por la sensación que deja la
fritura.
9) La vida de una persona no puede girar
en torno a una pantalla de ondas electromagnéticas. Primero fue la televisión,
después el computador, y ahora el celular.
10) Me dio hambre.
jueves, 22 de enero de 2015
Bailando cumbia conocí a una persona
Me acerqué a su cuello sólo para comprobar que su aroma olía a pura
humanidades de institución educacional pública. Terminó la canción y levantó la mano para
hacerle un gesto a su grupo de amigos: “Cabros estoy acá”. Ese “cabros”
corresponde a un vocablo muy particular de una clase emergente de vagos académicos que me
caen relativamente bien. Prefieren el terremoto al whisky, la pachanga sobre la
electrónica y a Ranciere para dejar en silencio a Axel Kaiser.
Quizás es vegana nivel 5, quizás. Su familia seguramente comía en ollas comunas en tiempos de la Unidad Popular, seguramente. Y supongo que al dinero le dice “moneah”, a los traidores “desclasados” y al “hueón”, “washo”. Y lo
más probable es que sea pro aborto, pro matrimonio gay, pro divorcio gay, pro
marihuana, pro animal, pro sexo casual, pro Patagonia sin represas, pro ateísmo,
pro soja, pro capucha, pro libros usados, pro copas menstruales y pro destrucción total.
“Flaco, ¿Querí bailar?” así comenzó todo, y así fue como todo terminó. No está en las redes sociales ya que la lucha está en la calle (a la wena rebeldía ooee
zii). Si el sistema electoral fuera a mano alzada, votaría. Profesa El Capital de Marx desde Wikipedia y rehúsa de cualquier forma de autoridad y de propiedad privada, pese a que de todas maneras amó a su ex pareja como una propiedad privada.
Igual la vecina cuando crezca cambiará sus trapos del persa por la última promoción de Falabella. Y caerá en la trampa de derrotar al capitalismo
juntando kilómetros Lan Pass. Una bella golondrina comiendo del basurero municipal.
Da vuelta la página, y no alegues. Pendeja.
Saludos cordiales.
Atte.
Una persona.
lunes, 5 de enero de 2015
Convicciones
El anarquista me dijo que estaba feliz porque tenía un trabajo en una empresa grande, con contrato indefinido, con seguridad laboral y con la posibilidad de ahorrar para la jubilación. El tiempo pasa, la gente cambia y las historias se reconstruyen.
miércoles, 26 de noviembre de 2014
Extraño encuentro en la 401
Para quienes vivimos en el poniente hacer vida social
después de la universidad es difícil. Y no por el resentimiento hacia la
sociedad de consumo que me obliga a comprar papas fritas a 5 lucas, sino porque
las nuevas amistades surgidas por la influencia de nuestro ejercicio laboral
provienen de otra clase social que pernoctan pasado el muro de Plaza Italia, o
también porque los viejos amigos del poniente comienzan a luchar por pertenecer
al selecto grupo de los C2, quienes con sus primeros sueldos se esfuerzan en
arrendar hogares cerca de sus trabajos.
Hace un tiempo para mí la universidad era el espacio
físico y simbólico en donde podía entablar amistades y compartir sin mirar el
reloj, pero ahora con la premura de la modernidad todo se ha reducido a los
karaokes, pubs o departamentos con quincho. Y el que vive en el poniente es el
que más sufre porque tienes sólo dos opciones para seguir con vida: Tomar la
401 o dormir en el suelo de alguna casa amiga tapado con la alfombra.
Pasada la medianoche un paradero que está cerca del Metro
Baquedano, próximo a un Telepizza y a un café con piernas en donde trafican
cocaína, se torna sumamente brígido y peligroso. La 401 es un mundo nuevo,
repleta de gente muy diversa; de borrachos con ternos del Fashion Park, de
mujeres obesas mostrando el ombligo, de jóvenes con el peinado de Arturo Vidal,
de hippies drogados que bailan al ritmo de Chico Trujillo y de peleas
imaginarias con chispeada constante de dedos (“oe, q paza”).
Una vez en esta micro, una chica muy guapa, y “dije” a la
vez, se acercó para preguntarme el recorrido de la 401. Le expliqué en un
lenguaje filosófico que llegaba hasta camino Melipilla. Al parecer tenía ganas
de hablar, y me empezó a contar de su vida; que había terminado una relación
amorosa hace poco, que cursaba 3° año de derecho en la Universidad de Chile,
que le gustaba la música electrónica y que era hija única. Todo esto me pareció
muy transparente de su parte, pero no me dio la confianza para comentarle
acerca de mí vida. Sólo me dediqué a tirar tallas y ser bromista.
La niña me miró coquetamente a los ojos y me preguntó si
quería acompañarla a un cumpleaños. Me tomó la mano y se hizo la amurrada
barzamente. Sorprendido, y pensando siempre en lo peor, presentí que me quería asaltar. Me alejo. La niña ve mi espanto y me pide disculpa. Asume que estaba
media borracha y que se sobrepasó. Con amargura, me explica que no quiere
llegar sola al cumpleaños, y que yo me veía buena onda, así como “inocente” y
“confiable”.
Le respondí cordialmente que no podía porque al otro día
tenía que estudiar (Mentira. Temía que en ese cumpleaños me fueran a
descuartizar).
Nos despedimos con un beso en la mejilla. Y cuando se
bajó de la 401 me gritó: “Voh te lo perdí maraco”.
miércoles, 12 de noviembre de 2014
El Huésped
Son las 3:33
Hay un huésped que golpea con agobio e
insistencia la puerta de mi habitación todas las noches. Mientras intento
consolarlo de sus penurias y naufragios, la poesía de Wagner musicaliza el
drama y el recuerdo. En mi condición de orfandad insisto con premura la muerte
de sus miedos.
La soledad radical del huésped intimidó a la risa
más tímida que escapaba tangencialmente por el vació primordial de la congoja.
Un dilema en que no hay nada seguro, un delirio que inclina al azar como la
moral que justifica la ley; su dominación y nuestro acatamiento.
Creía que la propiedad había originado esa
retorcida angustia que afecta a mis amigos. Lo creía hasta que escuché la voz proveniente
de la diosa que consumió el tiempo en tan sólo un instante, transformando a la
eternidad en un grito pavoroso de auxilio; difuso, arrítmico y alucinante.
El huésped no sale de la casa, es ateo y la
mayor parte del tiempo se lo lleva rezando. Nada lo seduce, nada le atrae, nada
lo motiva, pero busca sin pretender encontrar. La promesa radica en el
desengaño, en la paradoja consustancial del placer. Cuando la tierra tiembla, las
tumbas se abren y muchos cuerpos que habían muerto cobran vida.
Son las 3:33
El huésped viene nuevamente a golpear la
puerta.
jueves, 16 de octubre de 2014
El vedeto morado
El
fin de semana unas amigas me comentaron que fueron a una despedida de soltera.
Eran 28 mujeres que pagaron con la beca Junaeb para ser satisfechas por dos
vedetos en una sala de cinco metros de ancho por dos de largo. Fueron 4 horas
ininterrumpidas e inolvidables para una de ellas, la que me confesó que cada
vez que se come un helado cola de tigre en la 401 se acuerda de este
evento. La sonrisa no se la saca nadie.
Uno
de los vedetos era de raza aria. Según me comentaron las fuentes este joven pertenece
a una rancia aristocracia inglesa, maneja un perfecto francés y un español
nivel intermedio tirado para bajo. Además posee un postgrado en turismo de la
universidad de Oxford y un curso de dramaturgia impartido en el GAM. El otro es de raza africana. En Nueva Zelanda trabajó
como burro de carga para una empresa minera, y antes en Australia se desempeñó
como gásfiter ganando 50 dólares la hora. Cursó hasta tercero de humanidades en
el Congo y lo único que conocía previo a llegar a Chile eran las canciones de
Claudio Narea con Profetas y Frenéticos.
Lo
más les gustó a mis amigas es que el vedeto ario tenía el pene morado. Según
una de ellas, la que tiene más experiencia en este rubro internacional, sus
medidas sobrepasaban los 30 centímetros de largo sin erección. Al llegar a mi
casa, tomé una regla, y quise compararme. Me supera en 29 centímetros. ¿No será
demasiado?
El
vedeto de pene morado se acercó moviendo su pelvis a una de mis amigas más
tímidas y le hizo el ademan para que se lo metiera a la boca. Ella se asustó y
se escondió bajo la mesa.
Una
de las 28 chicas (no amiga mía) se montó sobre el vedeto de raza africana y
hasta el pasado sábado no le ha llegado la ruler. El problema es que ella es
pareja de una persona pública y no puede fingir que va a ser hijo de él porque
saldrá de piel achocolatada.
Mis
amigas me mostraron un par de fotos y reí extrañado. En ese minuto pensé para
mis adentros ¿En qué momento de la historia humana se inventó este tipo de
actividades sociales? ¿Qué ocurrió en los sujetos para que esto sucediera? Fui
a la biblioteca a buscar la respuesta y me quedé pegado leyendo a Barrabases. Tenía
la intención de escribir un ensayo al respecto, tomando como referencia el
feminismo de Simone de Beauvoir, y terminé redactando esto porque a mi
impresora se le acabó la tinta.
A
diferencia de mis otras amigas, la amiga tímida me susurro al oído que no le gustó
el vedeto con pene morado, ya que lo encontró asqueroso y sucio. “Sus
dimensiones son muy grandes, me podría atravesar” contó sonrojada. Mi amiga
tímida es de tamaño pequeño. Un amigo oriundo de Noviciado le dijo que ella era
del porte del pene morado. Todos rieron.
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